miércoles, 23 de enero de 2013

el final de la fiesta


El final de la fiesta
...resulta que el hombre del sombrero tenía un par de cuchillos guardados y la foto de su mujer en el bolsillo de su camisa, cerca de su corazón. el perro que lo acompañaba olió un pedazo de algo incomible en el húmedo suelo de sombras danzantes, la fiesta llevaba varios días y entre el hastío y el reproche, muchos se fueron para no regresar. Había demasiadas risas, demasiado trago, demasiado humo. Nunca llegó el amigo esperado, ni la dama soñada.
El perro se quedó mirando el puente del que saltó su amo. el sombrero llegó a un nuevo puerto, quizá menos maldito, quizá mas... la luna menguaba esa noche, como tantas otras, el perro ladró dos veces, una por cada cuchillo.

rincón de ilusiones


En lo que respecta al infierno, no tengo ningún indicio que me haga dudar de su existencia, estoy seguro que es mil veces peor que el mas falso rincón de ilusiones terrenales, donde yacen las esperanzas de los que sueñan con un porvenir y reciben arena y humo. Mil veces peor es el infierno, porque se supone que allí estarás para siempre o como diría dios: por toda la eternidad.

domingo, 20 de enero de 2013

el sueño de los justos

No se puede convencer al cuervo de ser halcón, ambos están bien como están, el uno custodia los umbrales fríos, de ello saben los necios y los sombríos. El otro lleva la muerte, siempre rápida, siempre buena, al gorrión que cruza la frontera. Y si acaso regresa el incauto del otro lado, no lo hará como bocado, ya no será mas gorrión, sino guardián o cazador.

entre nos

La puerta permaneció cerrada y aun así los gritos resonaron una y otra vez en todas las habitaciones, mamá murió esa noche de miedo y yo no volví a ser quien solía ser. El campo abierto se tragó las voces, los sollozos, el pálido rostro del tiempo; y trajo consigo una brisa suave y algunos cantos de los pájaros. No te vi mas, pero te recuerdo cada día y cada noche, sin mas anhelo que el de visitar la casa que ardió hasta los cimientos y dormir en tu cuarto y soñar para siempre.

sábado, 12 de enero de 2013

a casa

Estábamos esperando que cayera la tarde, mirando sin mayor afán como los pájaros volvían al nido. el viento mecía despacio las ramas de los arboles y la calle cambiaba de tonos. Nos pusimos nuestros abrigos y hablamos de cosas que el momento nos traía a la mente. No nos importaba mucho mañana, salvo quizá que antes de regresar a casa, hubiese otro momento nuevo así. No contábamos los días, teníamos todo el tiempo del mundo.

viernes, 11 de enero de 2013

los dos


¿y para quién traes las rosas si aquí no tienes muertos? le pregunté, con la respuesta en el espinazo, y la duda bajo mis pies. Miró a través de mi, como suele ver, con sus ojos blancos, a los otros cuando viene a casa, y dijo:
-Hasta alguien como tú sabe que las rosas no siempre son para el que yace; regadas con lágrimas, el deudo se las regala a sí mismo.
pero... no has llorado. Le dije bajo el ala del sombrero.
- tú tampoco - dijo y lo repitió en mi cabeza.
pronto iba a amanecer .

una tarde cualquiera


algo muy hermoso pasó esa tarde después del aguacero. El cielo se puso rojo y luego vistió su luto. Yo a ella, nunca le dije todo, tal vez porque no tuvimos tiempo. Es curioso cómo en su ausencia le he dicho mas verdades y mentiras que todas las que se prendieron de los muros y jardines cuando nos quisimos querer bajo lluvias, rojos tardíos y mantos negros.

un beso


-estoy casi seguro que mi corazón dejó de latir, no siento nada- le dije. Ella en lo que pareció una sonrisa, en una inasible fracción de segundo, se iluminó de triste belleza. cantó un par de notas más allá del tiempo y me besó. entonces me di cuenta que no estaba muerto, y lo pueril de mi pose atormentada.

el eco de la ausencia


...en el espejo había un secreto sórdido. No lo reveló nunca mi abuelo, aunque su vida dependiera de ello, pero siempre dijo que si ese espejo pudiera contar..... "la vieja se volvería a morir..." y soltaba una risotada de viejo fumador de tabaco. todavía está en un rincón de la casa de mamá; es un objeto deprimente, a nadie le gusta ver lo que devuelve su propio reflejo enmarcado en él. Quienes no saben, se acicalan, se miran de cerca y miran sobre su hombro pensando que hay algo malo en su semblante ese día y están todo el tiempo incómodos. los que sabemos, tratamos de no reflejarnos en él. No sé porqué sigue ahí; la tía dice que si se deshace de él quién sabe que pueda pasar, que no se lo lleva para otra parte porque le da miedo que se salga lo que tiene y nos espante.....

la cruz del corredor


Tres soledades entre muchas, acompañan el camino al cadalso, una de ellas es que a él, te diriges solo, la segunda es el chiste que a nadie hace gracia excepto a ti y lo seguro que estabas en tu celda, antes de salir al corredor.

el deseo

Odio tanto tu respiración, la forma como andas, tus sueños en vigilia, odio cada mañana junto a ti y el semblante del porvenir a tu lado. Me rompí en mil pedazos a tu derecha, perdí mi nombre y lo que tenía por decir. Al tratar de huir, quedé reducido a este mugroso recinto lleno de arañas y a comer por una sonda. Te odio, te odio, te odio, te odio te odio, te odio.
Recuerdo que solía componer melodías y que el paso del fuego, mantuvo alejada la muerte de casa hasta tu llegada. Todo lo que fuego devoró no fue suficiente ni el filo mortal, ni la fatalidad inclemente. Ahora gritas cada vez que puedes, alientas la  membrana que contiene el mal, que protege de luz a los malditos para que no sonrían jamás, para que olviden su nombre y recuerden el tuyo.    

es un secreto

¿que por qué sus ojos dejaron de brillar? pues la primera vez que los vi eran como esas gotitas sobre las hojas y el cielo no tenía ni una nube. Esa noche soñé con ella y recibí su aliento en mi rostro, sus caricias; y el acre sabor de su silencio. Me encargó llevarle flores a su madre y evitar las calles oscuras, sonreía por momentos como si dejara atrás todas las puertas sin llaves y cuando menos pensé ya no estaba. Me gusta pensar que dejó su sombra, ya que en cada rincón de esta casa puedo hallar su mirada hasta en los ángulos imposibles que ocultan cosas y los pliegues de trapos viejos. ¿El porqué, preguntas? bueno, no lo sé, y me alegro de que así sea.