viernes, 11 de enero de 2013

los dos


¿y para quién traes las rosas si aquí no tienes muertos? le pregunté, con la respuesta en el espinazo, y la duda bajo mis pies. Miró a través de mi, como suele ver, con sus ojos blancos, a los otros cuando viene a casa, y dijo:
-Hasta alguien como tú sabe que las rosas no siempre son para el que yace; regadas con lágrimas, el deudo se las regala a sí mismo.
pero... no has llorado. Le dije bajo el ala del sombrero.
- tú tampoco - dijo y lo repitió en mi cabeza.
pronto iba a amanecer .

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