lunes, 4 de febrero de 2013

el patio

mi pequeño lugar dejó en la bruma, lo que podía ver con mis ojos nuevos de entonces, sus hormigas, sus piedrecillas, las grietas que parecían la entrada a misteriosas cavernas profundas y sorprendentes, bajo los altos muros de casa sobre las escalas de mamá entre lejanas melodías de radio y el mismo cielo tan nuevo entonces, mi pequeño lugar de estrellas de catápiz y soldaitos verdes, trompos, y yoyos y los armotodos

La mañana cualquiera



La tristeza es el eco de las risas, y el brillo apagado de los días dorados, es el sabor lejano de un postre infantil, el latir de reloj de una vieja cajita musical, una muñeca mustia, una mascota ida, un amanecer gris cualquiera sin novedad.