Estábamos esperando que cayera la tarde, mirando sin mayor afán como los pájaros volvían al nido. el viento mecía despacio las ramas de los arboles y la calle cambiaba de tonos. Nos pusimos nuestros abrigos y hablamos de cosas que el momento nos traía a la mente. No nos importaba mucho mañana, salvo quizá que antes de regresar a casa, hubiese otro momento nuevo así. No contábamos los días, teníamos todo el tiempo del mundo.
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