algo muy hermoso pasó esa tarde después del aguacero. El
cielo se puso rojo y luego vistió su luto. Yo a ella, nunca le dije todo, tal
vez porque no tuvimos tiempo. Es curioso cómo en su ausencia le he dicho mas
verdades y mentiras que todas las que se prendieron de los muros y jardines
cuando nos quisimos querer bajo lluvias, rojos tardíos y mantos negros.
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