viernes, 11 de enero de 2013

el deseo

Odio tanto tu respiración, la forma como andas, tus sueños en vigilia, odio cada mañana junto a ti y el semblante del porvenir a tu lado. Me rompí en mil pedazos a tu derecha, perdí mi nombre y lo que tenía por decir. Al tratar de huir, quedé reducido a este mugroso recinto lleno de arañas y a comer por una sonda. Te odio, te odio, te odio, te odio te odio, te odio.
Recuerdo que solía componer melodías y que el paso del fuego, mantuvo alejada la muerte de casa hasta tu llegada. Todo lo que fuego devoró no fue suficiente ni el filo mortal, ni la fatalidad inclemente. Ahora gritas cada vez que puedes, alientas la  membrana que contiene el mal, que protege de luz a los malditos para que no sonrían jamás, para que olviden su nombre y recuerden el tuyo.    

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