jueves, 28 de marzo de 2013

el secreto oculto


Estabas ahí bajo todo aquel ruido, vigilando los pasos que diera hacia ti, una punzada me dijo que el viento se llevaría toda palabra y no quedaría otra cosa que la huella de tu silueta y tus labios. Así que callé, solo dije lo correcto sin hablar de más y soñé mas tarde contigo. Allí las horas no pasaron, el ruido como la marea retrocedía bajo el beso de la luna. Y tu voz me susurraba al oído secretos que hacen eco cada noche, como lluvia lejana.

la gracia


No me quieras así, eso no es amor, es odio por todo lo demás, es miedo. Como el roedor en la noche que se cuida de la lechuza, como dios ante tus pecados.

los redimidos

Esos ciegos eran felices. estaban al margen de toda la devastación y los crímenes, percibían olores a los que se habían acostumbrado, le habían puesto música a los gritos. Oraban todo el tiempo. Esos ciegos cantaban juntos, reían juntos y fueron juntos al cielo. Quienes vimos su acenso no sentimos nada. Ya no, desde hace tiempo.

los ojos cerrados



¿existe alguna cura para la melancolía? preguntaba el hombre a su amante muerta, la noche sonreía con millares de estrellas y en algún lugar lloraba lluvia. Ese día terminó mal, pero la mañana siguiente fue recibida como siempre por un coro de gallos. La cura no llegaría sino muchos años después, pero el vacío seguiría siendo tan vasto, tan mágico, tan intrigante como aquel último estertor del amor perdido.


lunes, 4 de febrero de 2013

el patio

mi pequeño lugar dejó en la bruma, lo que podía ver con mis ojos nuevos de entonces, sus hormigas, sus piedrecillas, las grietas que parecían la entrada a misteriosas cavernas profundas y sorprendentes, bajo los altos muros de casa sobre las escalas de mamá entre lejanas melodías de radio y el mismo cielo tan nuevo entonces, mi pequeño lugar de estrellas de catápiz y soldaitos verdes, trompos, y yoyos y los armotodos

La mañana cualquiera



La tristeza es el eco de las risas, y el brillo apagado de los días dorados, es el sabor lejano de un postre infantil, el latir de reloj de una vieja cajita musical, una muñeca mustia, una mascota ida, un amanecer gris cualquiera sin novedad.

miércoles, 23 de enero de 2013

el final de la fiesta


El final de la fiesta
...resulta que el hombre del sombrero tenía un par de cuchillos guardados y la foto de su mujer en el bolsillo de su camisa, cerca de su corazón. el perro que lo acompañaba olió un pedazo de algo incomible en el húmedo suelo de sombras danzantes, la fiesta llevaba varios días y entre el hastío y el reproche, muchos se fueron para no regresar. Había demasiadas risas, demasiado trago, demasiado humo. Nunca llegó el amigo esperado, ni la dama soñada.
El perro se quedó mirando el puente del que saltó su amo. el sombrero llegó a un nuevo puerto, quizá menos maldito, quizá mas... la luna menguaba esa noche, como tantas otras, el perro ladró dos veces, una por cada cuchillo.