¿existe alguna cura para la melancolía? preguntaba el hombre a su amante muerta, la noche sonreía con millares de estrellas y en algún lugar lloraba lluvia. Ese día terminó mal, pero la mañana siguiente fue recibida como siempre por un coro de gallos. La cura no llegaría sino muchos años después, pero el vacío seguiría siendo tan vasto, tan mágico, tan intrigante como aquel último estertor del amor perdido.
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